En aproximadamente 90 minutos, y después de casi 4 años, volveré a ver a mis Rayados en vivo, y quizá más de cerca que nunca. El problema es que voy a tener que morderme a mí mismo para evitar problemas.
Morderme un labio cada vez que ataque La Raya, para no tener que gritar de la emoción; morderme un brazo cada vez que ataquen los Xolos para no gritar de coraje; morderme una mano cada vez que el árbitro pite en contra de La Raya injustamente, para no tener que mentarle la madre a gritos; morderme la lengua cada vez que La Raya meta gol, para no gritarlo como lo hice aquella vez en el Tec; morderme un huevo por estar tan cerca de La Raya, pero tan amarrado de pies y manos como nunca lo he estado.
Lo único que realmente me pesa, es que mi amor no va a jugar hoy porque está lesionado.
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