El año pasado a esta hora, estaba enojado con la Selección por no haber hecho lo propio y conseguir la victoria ante Sudáfrica. Y a pesar de estar consciente del estilo de juego del Vasco, como buen mexicano, nunca perdí la esperanza de que este tipo nos llevara al quinto partido; vamos, era muy poca, y disminuyó de nuevo cuando alineó al Bofo contra Argentina, pero en fin.
Perder contra Argentina el mundial pasado no me afectó ni una cuarta parte de lo que fue en 2006. En esta ocasión estaba un poco resignado y sabía que si México no se ponía al frente primero, el Vasco no iba a tener la más mínima idea de cómo jugarles, o de cómo corregir sobre la marcha.
Pero hoy, un año después, siento tristeza de haber perdido ese encuentro. En ese momento no pensaba en el futuro, y ahora me doy cuenta de que ese fue el último mundial que viví como estudiante. En el próximo quizá ya tenga un trabajo y no me será tan fácil escaparme para ir a ver al Tri a mi casa, o a la de mis amigos. Si había un mundial en el que estaba sin un compromiso real como para poder asistir a una copa del mundo, era el de Sudáfrica.
Hace 10 días soñé que comenzaba el mundial, y yo lo presenciaba desde acá. En el mismo sueño sentí la emoción de ver a la Selección nuevamente en un mundial, y una enorme nostalgia de no estar en mi país, y de tener que ver los partidos de México sin la gente que quiero, y con la cual normalmente los veo. Creo que esto es un reflejo de lo que siento.
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