17/11/12

Carta al Perro #5

Un día antes del partido, en Argentina, un perro invadió la cancha durante el encuentro entre Independiente y Belgrano; el momento fue un deleite. 
Esa misma noche, cuando salí a correr, pasó lo que nunca: un perro corrió primero tras de mí, y después a mi paso, durante unos minutos. 
Y justo a la hora de iniciar tu enfrentamiento ante La Raya, aquí mismo en Tijuana, se inauguró una exposición fotográfica que contiene una serie relativa a los perros callejeros de la ciudad.

Quizá esas también fueron señales, digo, ya sabes que yo sí creo en esas cosas.

La llave es tuya, Perro. Ahí está la puerta entreabierta para una posible entrada de tu rival en turno; pero si tú quieres la puedes cerrar, para nunca abrirla de nuevo. Algo así como lo que hiciste la noche del jueves en el Tec.

Para nada critico tu estrategia, todas son válidas. Unas son menos vistosas, pero al final son estrategias, y si algo he aprendido en esto del futbol, es que cada quien tiene la suya.

Cualquiera podría pensar que el Turco, antes de llegar a Tijuana, tomó un curso intensivo con César Millán para poder dirigirte, porque lo que ha hecho contigo, es un auténtico adiestramiento. Con Del Olmo eras un cachorro: alegre, acelerado, ingenuo, sólo querías jugar. Pero con Mohamed encontraste la madurez. Eres celoso, sobrio, desconfiado, seguro, y sobre todo, ordenado.

Cada momento que pienso en lo que va a suceder mañana, escucho las voces de los cronistas en los últimos minutos de juego –esos en los que pasan la repetición de los goles–, narrando una tarde épica del cuadro visitante. Ovacionando al Chupete por volver inspirado, y en general a La Raya por recuperar ese juego vistoso que han olvidado. Por supuesto que son las fantasías de un niño.

Sin embargo, hay una cosa que aún no logro descifrar: cómo te vas a parar mañana. Desde que llegaste al máximo circuito del futbol mexicano, en tu condición de local, nunca has tenido que sentarte a esperar los embates del rival. Siempre te has visto en la necesidad de jugar verticalmente. Por eso no te imagino cuidando durante 90 minutos, la ventaja de un sólo gol. No sé si sabes jugar así, no sé si vas a poder; es más ya ni siquiera sé qué es más conveniente: que ataques o que aguantes.

Por supuesto que voy a hacer lo mismo que el torneo pasado: me voy a ir a un bar para ver el partido, e incluso probablemente vaya a usar la misma ropa. La última vez que lo hice, perdiste. Aunque obviamente eso no significa absolutamente nada.

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