20/11/12

Carta la Perro #6

Siempre hubo algo de agrado por verte jugar, por saber que andabas bien, y más que nada, porque al fin Baja California contaría con un equipo de futbol en Primera División. Las dimensiones que tu ascenso cobró fueron las esperadas. Desde que el Estado se enteró que habías clasificado a las rondas finales, en la temporada que se pelea por subir a la primera categoría, las redes sociales se llenaron de tus fotografías —qué guapo lucías, y luces, por cierto—.

Yo todavía estaba en Paraguay, y ni siquiera por Internet pude seguir tus partidos; todo era vía notas periodísticas. Para mi sorpresa, lograste lo que todos queríamos. Y ahora sí, los corazones de todo aficionado cachanilla al futbol, se partieron en dos, y se volvieron mitad caninos, y mitad cualquier equipo que te guste; sobre todo Chivas y Águilas. Ya sabes cómo funciona esto de los colores.

Curiosamente, al regresar a México, mi ciudad destino era Tijuana. Mis convicciones nunca estuvieron en duda: soy Rayado, pero estoy con el Perro; sin renunciar a mis colores. Admito que en algunos momentos estuve a punto de ser presa de la fiebre Xoloitzcuintle, pero además de que no quería caer, el destino me hizo entender de qué se trata esta parte tan fundamental en mi vida.

Busqué trabajar para tus dueños, y lo conseguí. Una vez dentro, entendí cómo funcionan las cosas a nivel directiva, y a fondo. Al principio todo iba bien, era muy feliz. Después de todo, había una posibilidad de que al finalizar la temporada, alargara mi estancia con tu equipo de trabajo. Al menos eso decía mi supervisor, con mucha seguridad.

A veces dudaba de mí mismo, era difícil no sentirse arraigado con los colores de un equipo del cual pensaba, respiraba, hablaba, y comía, diariamente. Pero tus dueños casi provocan que terminara odiándote. La hipocresía del director del área en la que yo laboraba, me hizo pensar en dejar la institución. Las señales ya eran muchas, pero todo se puso en perspectiva cuando La Raya visitó la frontera. Esa noche entendí que mi corazón es completamente albiazul, y que absolutamente nada va a cambiar eso.

Sin embargo fui educado. Esperé la semana que me quedaba de contrato, y entonces les di las gracias a tus dueños por haberme dejado colaborar para esta causa.

Trabajar para tu gente me hizo daño, Perro. Acabaron por romper el enamoramiento que tenía por ti, pero estuvo bien. Así tenía que ser.

A lo que voy con todo esto, es que una vez habiendo pasado por esa montaña rusa de emociones a tu lado, puedo decirte que estás donde te mereces. Y me caga aceptarlo, porque al final acabaste cobrándote la revancha que el futbol te dio, y quizá de una manera no tan merecida, pero en este deporte los merecimientos no sirven para nada. 

Ahora sí estoy contigo, pero no te confundas, que esto no es un 'peor es nada' o por conveniencia. Es porque siempre vas a estar ahí, pero detrás de La Raya, siempre detrás. Ojalá que seas campeón.

Nada más recuerda que cuando tu nivel futbolístico caiga nuevamente en los altibajos y la irregularidad —porque vas a caer, así es esto—, la mayoría de la gente que ahorita está haciendo filas eternas para comprar un boleto y verte el domingo en vivo, estará en su casa alentando desde lejos al equipo por el que alguna vez empezó a ver futbol.

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